Serie de esculturas que intenta resucitar objetos que se creaín muertos: Hechos de cera, frágiles, diminutos.

Las esculturas fueron hechas con barro, fracturándose naturalmente. Estas fueron intervenidas con una serie de objetos de cera, residuales, que provienen de  la reproducción de joyas de la Tumba 7 de Monte Albán (Oaxaca, México), realizadas por mi abuelo materno: Alfonso Vargas Sánchez.

La Tumba 7, descubierta en 1931, fue uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX. Desde entonces, las piezas allí encontradas han funcionado como referente ideológico del Estado: Testimonio de un pasado falsamente común y compartido.  

Entonces, ¿cómo exponer esos objetos sin recaer en la narrativa del Estado? ¿Cómo resucitarlos más allá de su retórica, de sus protocolos de exhibición/veneración y de su violencia discursiva?


















Las piezas de barro negro fueron quemadas por Omar Fabián en San Bartolo Coyotepec; y las de barro rojo y vidriado (verde), por José Manuel Velasco en Santa María Atzompa. Oaxaca, México.

Estas piezas fueron realizadas durante un periodo de ajuste en mi status migratorio. No existirían sin el apoyo de mi madre, Laura Vargas, por Omar Pimienta y por andrew Sturm.






               
        
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